No
dejes de pasar un día sin una rendición fresca al Señor. La rendición tiene que
ser continua, un interminable vaciarse de uno mismo ante el Señor. Y cuando lo
hayas hecho un hábito, comenzarás a experimentar la unión perfecta, comunión
perfecta, entendimiento perfecto y amor perfecto.

No hay comentarios:
Publicar un comentario